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Para sus 7 nietos, Crista es "Tatita"

Crista tiene siete nietos que la llaman “Tatita”. Cuando Crista piensa en el tiempo que pasa con sus nietos, se siente muy feliz pues todos los momentos que comparte con ellos la hacen sentir especial.

Sus primeras seis nietas son mujeres, por lo que el jugar de mamás, de maestras y de salón de belleza, entre otros, son los juegos favoritos. En más de una oportunidad, Crista ha sido la señora que llega al “salón” para que la peinen y la pinten. Los jalones de pelo y peinados a la “chilindrina” son los favoritos, y la cara de “payaso en desgracia” después de que le han pintado la cara entre carcajadas y puyones de ojos, es de lo que más gozan.

Recuerda una vez que con sus tres nietas se fueron a la finca a cortar elotes, se enlodaron, se mojaron, comieron elotes asados y la pasaron súper bien. Otro momento que recuerda con cariño es cuando Crista y su esposo sorprendieron a sus tres nietecitas que viven fuera de Guatemala. Llegaron de sorpresa a visitarlas y cuando bajaron del carro y tocaron el timbre, su nieta Adriana, que entonces tenía 3 años, los vio venir por la ventana, pegaba de gritos de emoción y de la felicidad no podía abrir la puerta. Cuando lo logró, se colgó del cuello de Crista, quien estaba muy agradecida con Dios por tener la oportunidad de estar ahí. Luego fueron a recoger a su nieta mayor, Paulis, a la parada del bus y cuando Paulis se bajó del bus y vio a Crista, comenzó a correr gritando, “¡Tatita! ¡Tatita!” y le dio un abrazo que la hizo sentir que volaba con ella por los aires. La lección más importante que sus nietos le han enseñado a Crista es que, a pesar de estar distanciada de ellos por edad, puede mantener una excelente relación con ellos. Y que los puede amar con toda su alma, sin esperar nada a cambio.

Crista siempre ha tenido una familia muy unida y al hablar de su juventud, no puede dejar de pensar en sus hermanos. Recuerda los viajes que hacían a la finca en camionetilla Volkswagen, a pasar las vacaciones más felices. A falta de un buen equipo de música en el carro, se las ingeniaban en inventar canciones y buscar letreros que comenzaran con las letras del abecedario para matar el tiempo y no sentir las horas dentro del carro hasta llegar a Champerico. Al llegar a la finca, durante el día, gozaban de la piscina pero en lugar de utilizar bloqueador solar, utilizaban crema humectante. ¡Se aplicaban tanta crema que parecían momias! Después caminaban a la playa donde pasaban horas jugando en la arena y las olas del mar… Regresaban a la casa ardidos del sol, pero trataban de no quejarse para que no les impidieran volver a hacer lo mismo al día siguiente. Otras veces, se escapaban a patinar a los patios de sal y al regreso no podían dejar de aprovechar el subirse a los árboles para comer deliciosos mangos y jocotes. No tenían televisión, por lo que los pasatiempos de las tardes y noches eran jugar juegos de mesa, contar leyendas, tocar guitarra o escuchar música grabada en cassettes.

El legado que Crista espera dejarle a su familia es su ejemplo, una fe recia y viva, optimismo ante las crisis y dificultades, y el valor de la familia. Y también que cuando se ama y se es generoso, ¡se es más feliz!


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